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Hubo un tiempo mejor para la música?

Dylan y Baez

Uno de los debates que todas las generaciones suelen hacerse cada cierto tiempo es si hubo tiempos mejores en el pasado para alguna de las artes, en el caso que ocupa a este blog, la música. ¿Realmente hubo un tiempo mejor para la música, o en que los resultados fueran mejores? Es evidente que la respuesta que puede darse dependerá mucho del concepto de calidad que se tenga, pero quiero llamar la atención a  un aspecto que suele pasar desapercibido.

Hasta los años cincuenta aproximadamente era habitual que los papeles de compositor, intérprete, productor o discográfica fueran asignados a distintas personas. Hablamos, por ejemplo, de compositores como Cole Porter, Mancini o Bacharah o intérpretes como Sinatra. Son casos extremos, por supuesto, pero sirven para ilustrar mi tesis. A Ella Fitzgerald o – por citar un ejemplo más cercano – Edith Piaf,  jamás se le ocurría componer o al menos dedicarse profesionalmente a ello. Simplemente porque había otros que lo hacían mejor y ellas se dedicaban a lo suyo. El resultado era generalmente un producto en el que las diferentes partes eran ejecutadas por aquellos a quien mejor se le daban.

Pero un buen día aparece un fenómeno: El cantautor. Podemos usar la figura de Dylan como ejemplo: Compositor, letrista, guitarrista, cantante. Y la gente parece que está encantada. Pero desde un punto de vista musical, ¿realmente es creible que una sola persona pueda brillar al mismo nivel en todas esas facetas? Y éso que en su época no se dedicó también a producir sus discos. Es posible en casos muy especiales como el de Dylan (aunque sus dotes, al menos en una primera época, sean discutibles) pero generalmente la calidad del producto final se resintió y probablemente hubiera sido un fenómeno pasajero de no confluir otros cambios sociales en la misma época.

La cuestión es que de pronto lo que parecía ser no ya normal, sino incluso obligado, es que los artistas compusieran sus propios temas y los interpretaran. Invariablemente si les llegaba el éxito el siguiente paso era producir sus propios discos. Solo hubo una faceta que resistió los embites de esta nefasta moda y fue la interpretación musical. Tanto si era un vocalista o una banda normalmente se les exigía una mínima aptitud musical aunque los directos no fueran tan comunes y fuera mucho más facil engañar al personal como ocurrió con los Monkees. Esta última barrera también cayó con el advenimiento del punk y su filosofía de que “cualquiera podía tocar”. Afortunadamente el movimiento duró poco antes de ser engullido por el sistema y la mayoría descubrió que puestos a usar dos dedos la cosa sonaba mucho mejor con un teclado que esforzándose con la guitarra, dado que era imposible desafinar. Fue el auge de la música electrónica. Pero algunos siguieron otro camino al descubrir un maravilloso invento para ocultar sus limitaciones: La distorsión, y nació el metal con sus innumerables variantes. Por supuesto aún era posible equivocarse de nota, pero por lo general el personal creía que era un acorde genial y a otra cosa.

El punk apestaba a muerto desde su nacimiento, pero esta concepción del mínimo esfuerzo ha perdurado hasta nuestros días, ayudado sin duda por los avances en materia de software. No hay que más que pasarse por cualquier discoteca o escuchar cualquier radiofórmula para comprobar que la música actual apenas ha variado desde entonces. Nos vendieron internet con la esperanza de la riqueza que aportaría el tener acceso a los ritmos y melodías ancestrales de las más remota tribu de Borneo pero se sigue escuchando lo mismo que hace veinte años.

Pero estoy divagando. Me preguntaba al principio si la música pasada era mejor.

No, que va.

4 Comentarios

  1. Humberto Di Massimo

    No podría estar más de acuerdo contigo, aunque me tocas la fibra sensible con el metal. Hay mucho bueno buenísimo en el metal, si bien es cierto que también hay mucho malo, infumable, pero como en todos sitios, ¿no?

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    1. Carlos Formby

      Pero Humberto, que me conoces.. jaja, hay que leerlo con el humor con el que pretendí escribirlo!

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      1. Humberto Di Massimo

        Of course Sir. No pienses que escribí el comentario con gesto seco, jeje, el post es de 10 😀

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