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De las 3D me sobra una

A principios de los 80, antes de la aparición de las televisiones privadas, la pública se apuntó un tanto con la primera emisión en un fin de semana de una película en 3D. Se trataba de “Fort Ti”, un bodrio-western dirigido por William Castle en 1953 en la que flechas, cuchillos y demás enseres eran lanzados al respetable sin ningún pudor. Se repartieron las dichosas gafas por la prensa y el lunes siguiente era la comidilla del instituto.

imageFue un fracaso porque por motivos técnicos RTVE no pudo emitir la versión 3D y sólo emitió la normal. Bueno, pues han pasado 30 años y un amigo mio sigue jurando y perjurando que él la vió en 3D, y ni siquiera la nota de prensa de RTVE le hizo bajarse del burro, lo cual le convierte en la única persona de España que ha visto una película en 3D por televisión.

No hace falta remitirse a Kant para colegir que la forma en que observamos altera lo observado. En aquella época yo era, mas que aficionado, un estudioso del cine. Me empapaba con todos los libros técnicos que caían en mis manos sobre el tema, participé en algún corto y escribí algún que otro guión, por no hablar de sacarme los carnets de todos los cineclubs que había en mi ciudad y hacerme habitual de los cines de “Arte y Ensayo”, como se les llamaba por aquel entonces.

Por supuesto no pasé de ahí, pero algo se perdió por el camino: Hace ya mucho tiempo que no disfruto con el cine como solía. Cuando asisto a una proyección me pierdo analizando el guión, el encuadre, la iluminación, cualquier recurso narrativo o estético que percibo. En cierta forma sigo disfrutando, pero a otro nivel, a uno mas cerebral, un goce intelectual al descubir un problema de luces bien resuelto, lo ingenioso de un guión bien desarrollado. Pero no me dejo seducir ya por la película, no me absorbe y me dejo llevar por ella como antiguamente.

Quizá la última película que consiguió atraparme y arrastrarme babeando a este nivel, si queréis, primario y sensorial, fue la “Carretera Perdida” de Lynch (1997) y ya entonces era un fenómeno inusual.

Y ahora han vuelto las tres dimensiones. Para ser sinceros, sólo he visto dos películas de la nueva hornada: Superman Returns (2006) y Avatar (2009). La primera apenas tenía algunas escenas en 3D y la segunda no es mas que un bodrio bélico (variedad espias) previsible “ad náuseam”. Lo malo, si largo, dos veces malo. Pero ésa no es la cuestión.

Imaginad un prestidigitador en el escenario con una caja mágica de la que saca todo tipo de objetos inimaginables. Imaginad ahora que la caja es transparente, que podéis ver a través de ella y por tanto observáis el truco que el mago ejecuta para conseguir el efecto. Podéis alabar la pericia verbal del artista, podéis admirar su habilidad manual y la forma es que distrae vuestra atención para alejarla de la caja, pero ya no os puede engañar: Estáis viendo el truco.

Ése es mi principal problema con el 3D. Quizás llegue el dia en que no vea el truco, pero actualmente soy demasiado consciente de ésa tercera dimensión, y éso hace que me desconecte totalmente de lo demás y pierdo totalmente el interés. Es un buen truco pero no añade absolutamente nada a la película. Evidentemente la tecnología está en sus inicios (de nuevo) y llegará un dia en que forme parte integral de la película, como lo fue el color o el sonido en su momento, pero todavía le queda mucho camino por andar.

Gracias a Alfonso Alcántara por hacerme llegar este video. Por pura casualidad, pero ilustra perfectamente lo que quiero decir.

2 Comentarios

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  2. Freakstein

    No puedo más que añadir que, como tú bien dices, se trata solo de falta de inmersión, acentuada en tu caso por esa deformación profesional que tienes de analizar el film a nivel técnico. Yo no llego a tanto, y aunque mi experiencia cinéfaga ha ido curtiendo cierta capacidad de análisis de lo que estoy viendo más allá de los sentimientos que me transmite, al final me quedo con esto último (a no ser que algún aspecto técnico chirríe más de la cuenta y se anteponga por encima de todo).

    Mi corta experiencia con el cine en 3D se limita a Avatar (como no) y Cómo entrenar a tu dragón. El efecto 3D de esta última me parece mucho más delicioso que la locura de Pandora y me costó mucho menos sumergirme en la película, lo que me lleva a pensar que a mí no me costará tanto adaptarme a esta tecnología y verla como un simple añadido visual más.

    Mi problema con las 3D deriva en que ahora los grandes estudios tienen una justificación más para crear películas impactantes a nivel visual descuidando cualquier otro aspecto y atrofiando de esta forma aún más el gusto de los nuevos consumidores de cine. Es la nueva forma de hacer cine comercial (despectivamente hablando) y creo que no va a traer nada bueno.

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